Anatomía de una Crisis: Rectora de la U. de Chile revela ser víctima del esquema financiero que controla Azul Azul

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La confesión de Alejandra Mizala, máxima autoridad de la Casa de Bello, no es solo una anécdota personal; es un misil a la línea de flotación de la estructura de propiedad de Azul Azul, exponiendo un conflicto de interés sin precedentes en el fútbol chileno.
La crisis de Universidad de Chile trasciende, con mucho, los resultados en la cancha. La revelación de la recién electa rectora de la casa de estudios, Alejandra Mizala, de que su propio núcleo familiar es uno de los afectados por el denominado ‘Caso Sartor’, añade una capa de complejidad y un conflicto ético mayúsculo a la ya convulsionada administración de Azul Azul.

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En una entrevista con un medio nacional, Mizala confirmó que su esposo invirtió en 2019 en Sartor Administradora General de Fondos (AGF), la misma entidad cuya estructura financiera es hoy investigada por el Ministerio Público. El fondo de la acusación es grave: el dinero de los aportantes, entre ellos la familia de la rectora, habría sido utilizado como apalancamiento para que Michael Clark y sus socios, a través del Fondo de Inversión Privado (FIP) Tactical Sport, adquirieran en 2021 el control mayoritario de la concesionaria que rige los destinos del club.
Para el hincha de a pie, esto no es una discusión abstracta de altas finanzas. Es la confirmación de que la propiedad del club descansa sobre cimientos cuestionados. La legitimidad de quienes toman las decisiones deportivas y económicas está bajo el escrutinio de la fiscalía, y ahora, simbólicamente, de la propia máxima autoridad de la universidad que le da nombre y valores al equipo.

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“Son ahorros importantes de nuestra vida. Somos una de las tantas víctimas”, declaró Mizala, poniendo una cara humana y dolorosamente cercana al complejo entramado financiero.
Desde una perspectiva de gestión deportiva, este escenario es devastador. Un proyecto deportivo serio requiere estabilidad, visión a largo plazo y, sobre todo, confianza. ¿Cómo se puede planificar un proceso formativo o una estrategia de fichajes coherente cuando la cúpula directiva, con Michael Clark como figura central en la génesis del problema, opera bajo la sombra de una investigación por presuntas irregularidades financieras? La causa, que sigue sin formalizados pero con imputados de alto perfil como Clark y los principales socios de Sartor, es una bomba de tiempo.
El ‘Caso Sartor’ no es solo un problema para sus inversionistas. Para la U, es una crisis existencial. La revelación de la rectora Mizala no hace más que evidenciar que la institución académica y el club de fútbol, aunque legalmente separados por la concesión, están intrínsecamente ligados por un escándalo que mancha el nombre de ambos.
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