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Artemis II: la misión que redefine la carrera espacial y pone a prueba a la humanidad

Uno de los aportes científicos de la misión será el acceso directo a la cara oculta de la Luna, una región que no puede observarse desde la Tierra debido a su rotación sincronizada».
Durante varias décadas, la exploración espacial ha sido narrada como un relato de conquista marcada por acciones claves: despegar, avanzar, llegar más lejos. La misión Artemis II, que llevó nuevamente a humanos a orbitar la Luna, parece inscribirse en esa misma lógica. Pero el foco, esta vez, está desplazándose.
El desafío es el regreso. “El momento más crítico de la misión es volver a la Tierra”, señala la astrónoma Carolina Agurto, académica de la Universidad Federico Santa María.Desde su trabajo en formación planetaria, donde estudia el origen de los sistemas planetarios a partir de modelos y datos observacionales del Observatorio ALMA, Agurto observa Artemis II como parte de una transición más profunda en la exploración espacial.
El problema físico del retorno
El regreso a la Tierra es parte de uno de los procesos más exigentes de toda la misión, pues el retorno a la Tierra forma parte de uno de los procesos más exigentes de toda la misión.
Al reingresar, la cápsula Orion lo hará a velocidades cercanas a los 40.000 kilómetros por hora. En ese punto, el aire se ioniza transformándose en plasma, lo que genera una envoltura de temperaturas extremas alrededor de la nave. “Sabemos que el escudo térmico se va a deteriorar. La clave es que resista lo suficiente”, explica la académica.
La misión Artemis I, realizada en 2022 sin tripulación, permitió identificar vulnerabilidades en ese sistema tras el reingreso, lo que obligó a introducir mejoras. Es así que Artemis II, esa misma tecnología deberá operar sin margen de error.
A fin de reducir el riesgo, la misión incorporará una maniobra inédita en este tipo de vuelos: el skip reentry. Este procedimiento consiste en que la cápsula no entra directamente en la atmósfera, sino que realiza un descenso en dos etapas: primero rebota en las capas altas y luego vuelve a ingresar.
El efecto es clave: permite disipar parte del calor antes del descenso definitivo. Durante ese proceso, además, la nave quedará incomunicada por alrededor de 4 a 5 minutos, lo que será el momento de mayor incertidumbre de la misión.
El programa contempla, en sus siguientes fases, el alunizaje (Artemis III), la instalación de infraestructura en la superficie lunar y, en el largo plazo, misiones tripuladas a Marte.
Uno de los aportes científicos de la misión será el acceso directo a la cara oculta de la Luna, una región que no puede observarse desde la Tierra debido a su rotación sincronizada. Es así que tanto las imágenes como los datos obtenidos permitirán avanzar en el estudio de la geología lunar y, con ello, en la comprensión del origen del sistema Tierra-Luna.
La exploración y una nueva narrativa para el área STEM
Artemis II se inserta en una lógica más amplia dentro del proceso de exploración espacial como motor de desarrollo tecnológico. El desarrollo de materiales capaces de resistir temperaturas extremas, sistemas de navegación de alta precisión, telecomunicaciones avanzadas lo que permitiría que estas nuevas tecnologías se integren a la vida cotidiana.
También se introduce en una dimensión simbólica que no es menor. La astronauta Christina Koch es la primera mujer en orbitar la Luna, este hito representa un cambio para quiénes participan en la ciencia. “Las niñas necesitan verse en estos espacios”, sostiene Agurto. No como excepción, sino como una posibilidad clara.
Chile ante la nueva carrera espacial
En este escenario, Chile enfrenta una disyuntiva.Por un lado, es un actor clave en astronomía a nivel mundial, con infraestructura como ALMA y una comunidad científica consolidada. Por otro, su participación en la industria aeroespacial sigue siendo incipiente.
Aun así, Agurto identifica oportunidades concretas. El desarrollo de nanosatélites en universidades, junto con avances en instrumentación astronómica, abre una vía de inserción en la cadena tecnológica global.
El desafío, advierte, no es solo técnico, sino estratégico: articular capacidades dispersas en una política nacional estatal de desarrollo sostenida.
2030: una vitrina
La realización en Chile de la Asamblea General de Astronomía en 2030 podría ser un punto de inflexión. Este encuentro reunirá a miles de científicos, instituciones y agencias espaciales, ofreciendo una plataforma para mostrar no solo el potencial astronómico del país, sino también su capacidad tecnológica.