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La vida después del cáncer: Fundación Mujeres por un Lazo reflexiona sobre la remisión y sus desafíos

Llegar a cinco años sin evidencia de cáncer marca un avance significativo en el tratamiento, pero el impacto emocional y la necesidad de apoyo continúan siendo desafíos centrales para las sobrevivientes.
Este jueves 4 de febrero, en el marco del Día Mundial contra el Cáncer, la Fundación Mujeres por un Lazo puso sobre la mesa una realidad poco visibilizada: ¿cómo se vive emocionalmente y cuáles son los principales desafíos al alcanzar cinco años sin signos de enfermedad?
En oncología, este periodo, conocido como remisión completa, representa un hito de gran relevancia. Aunque una persona se considera sobreviviente desde el diagnóstico, la remisión de cinco años marca un avance significativo en el tratamiento, Esto es especialmente relevante dado que muchos cánceres pueden reaparecer dentro de este lapso.
Mariely Guesalaga, presidenta de la Fundación Mujeres por un Lazo, este enero celebró su propia remisión, “El umbral de los 5 años de sobrevida en cáncer es un indicador ampliamente utilizado para medir la efectividad de los tratamientos, mientras que para miles de personas es un reloj que marca sus días, que parece marcar un límite invisible, una meta por alcanzar. Esta frontera pareciera ser la puerta que separa el miedo a la recurrencia, de la tranquilidad esperada”, sostuvo.
Esta experiencia no es aislada. Cada año, decenas de miles de personas en Chile inician este mismo recorrido. En 2022 se registraron cerca de 59.876 nuevos casos de cáncer en el país, de acuerdo a las cifras del Observatorio Global del Cáncer.
En las mujeres, el cáncer de mama lideró como el más diagnosticado, con alrededor de 5.640 nuevos casos, seguido por el cáncer colorrectal (3.427) y el de pulmón (1.172). En los hombres, el diagnóstico más frecuente fue el cáncer de próstata, con 9.678 nuevos casos, seguido por el colorrectal (3.351) y el gástrico (3.350).
Desafíos emocionales
“El riesgo de recurrencia depende del tipo de cáncer, su biología, los tratamientos recibidos y la salud integral de cada persona. Reducirlo a una fecha, fija expectativas que pueden dañar emocionalmente: algunas mujeres se sienten casi culpables por seguir con miedo después de esos cinco años; otras viven presionadas por “llegar” a la fecha; otras, cuando viven una recurrencia, sienten que fallaron en algo que no depende de ellas. La recurrencia no es una culpa: es biología”, complementó Guesalaga.
Sobre aquello, Daniela Rojas, psicooncóloga y Magíster en Comunicación Científica y Médica, explica que este hito no se vive de manera uniforme y que suele existir una diferencia importante entre la experiencia de las pacientes y la de sus familias. Mientras el entorno tiende a ver los cinco años como un cierre o una meta alcanzada, muchas personas continúan procesando emocionalmente el miedo y los recuerdos de la enfermedad.
“Existe una brecha importante entre la vivencia del entorno cercano y el paciente, porque el paciente sigue estando al medio: está terminando la fase aguda, pero no están terminando los miedos, y claramente todos esperan una reacción de felicidad. Por otra parte, hay personas que sienten que el cáncer quedó atrás mucho antes; por lo más que un cierre, es un cambio de lenguaje: se deja de tener la enfermedad activa. No toda la trayectoria terapéutica tiene que ser leída como un camino que culmina en un punto determinado”, señaló.
Esta vivencia, lejos de ser excepcional, se refleja en muchas mujeres que transitan procesos de remisión, donde la celebración convive con la gratitud, pero también con emociones complejas y aprendizajes profundos.
“En septiembre de 2025 se cumplieron 5 años desde que fui diagnosticada de cáncer de mama. En ese momento no lo conmemoré como un hito importante en mi vida, pero mi oncólogo me hizo ver que estábamos celebrando. Yo no sólo celebró el paso de estos 5 años; yo celebro el milagro de estar aquí, ya que, por mi trabajo en la Fundación, me ha tocado ver que no es la misma realidad para todas. Por eso agradezco a la vida, con sus días luminosos y otros no tanto… ser sobreviviente de cáncer no me define, pero sí me enseñó a ver la vida con otros ojos y a vivir el presente un poco más despacio, pero más profundo”, es la visión que comparte Claudia Leiva, Directora y Fundadora de Mujeres por un Lazo.
El rol de las políticas públicas
Con base en la información del GES correspondiente al tercer trimestre de 2025, un estudio del Centro de Políticas Públicas e Innovación en Salud (CIPS) de la Universidad del Desarrollo reveló que, durante ese año, 903 personas debieron trasladarse fuera de su región para acceder a tratamiento oncológico. Esta cifra representa un aumento del 60% en comparación con 2020. Del total de pacientes, el 67% corresponde a mujeres y el 33% a hombres, concentrándose mayoritariamente en personas de 60 años o más.
Pero ese no es el único desafío. Mariely Guesalaga, advierte que aún existen importantes brechas en el acompañamiento posterior al tratamiento oncológico: “Nuestro sistema de salud tiene una deuda con los sobrevivientes de cáncer: controles que no responden a plazos definidos, falta un modelo integral que aborde salud mental, sexualidad, vida laboral o efectos tardíos. Y el miedo a la recurrencia sigue siendo un tema del que se habla poco”, concluyó.